Queridas y queridos lectores,
La entrada de hoy es muy especial, porque se trata del culmen de un reto personal que me hacía mucha ilusión. Como sabéis, este año me propuse leer al menos un libro de más de 1000 páginas. Mientras planificaba mis objetivos de lectura anuales, me encontré con el reto literario Todos los clásicos, grandes y pequeños, y decidí lanzarme a un objetivo reglado por primera vez en mi vida. Había conseguido una copia de El conde de Monte Cristo por unos tres euros, y pensé que era la oportunidad perfecta para inaugurar este reto por todo lo alto. La premisa por la que quise empezar fue la de un libro "Publicado en época victoriana (1837-1900)". El conde de Monte Cristo se fue publicando originalmente por entregas entre 1844 y 1846, así que me venía de perlas. Hoy, vengo a reseñar esta novela con muchísimo cariño y toneladas de ilusión. ¡Vamos a ello!
Aprovechando que el antiguo capitán le había pedido un favor en la isla de Elba, donde se encontraba exiliado Napoleón, estos personajes acusan a Dantés de agente bonapartista. Como en Francia estaba reinstaurándose la monarquía después del Imperio Napoleónico, lo encierran en el castillo de If, y cumple una pena de catorce años. Allí, Dantés conoce al abate Faria, un hombre extremadamente sabio, con conocimientos de todas las materias y lenguas que una pueda imaginarse. Ambos forjan una amistad de lo más curiosa, que vendrá a marcar un punto de inflexión en la novela y en la trayectoria de su protagonista.
A partir de aquí, la historia se centra en la venganza de Edmond. Mediante un elenco extenso de lo que parecen cientos de personajes, Dumas resucita a un Dantés reformado y millonario, que vuelve a su contexto previo bajo el pseudónimo de Conde de Montecristo. Bajo este anonimato, el protagonista orquesta una venganza cuidadosamente calculada, que Dumas desarrolla de manera magistral. El conde de Montecristo es una novela de aventuras, venganza, romance, amistad, crecimiento... Un grandísimo ejemplar del folletinesco, en todos los sentidos.
Cuando me hice con este volumen, la verdad es que me impuso muchísimo tanto su tamaño como su fama previa. El conde de Montecristo es una de esas novelas que hay que leer una vez en la vida, y no más ¡porque no da tiempo! La cantidad de páginas y el hecho de que era uno de esos clásicos indiscutibles me llevaron a pensar que sería una lectura difícil, ardua y complicada. Nada más lejos de la realidad. En el momento en que abrí la primera página, me di cuenta de que me lo iba a pasar genial. La pluma de Dumas no puede ser más accesible. Tiene una forma ágil de narrar que, al mismo tiempo se detiene con frecuencia en las descripciones más bonitas que he leído en mucho tiempo.
Sin embargo, lo que más me ha gustado han sido los personajes. Debo confesar que, en ocasiones, me ha parecido que había trescientos, pero absolutamente todos son cruciales para la trama. Allá por la página seiscientos y poco, una comienza a preguntarse qué demonios está haciendo con su vida, y por qué demonios lleva ya dos meses y medio con un libro. Empero, no me arrepiento de nada. Puedo afirmar con seguridad que El conde de Montecristo ha sido una experiencia que jamás olvidaré. He conectado con el protagonista de una manera brutal, porque Dumás consigue que empaticemos con él desde el inicio. Primero por lástima, luego por ternura, y finalmente por pura admiración, Edmond Dantés me ha parecido uno de los mejores protagonistas que he leído jamás.
El resto de personajes no se quedan cortos. Tanto su padre como Mercedes, el abate Paria... Todos me han resultado tan bien escritos... Su propósito era claro en la obra, y a pesar de ser muchos, no quedaban reducidos a meros nombres en la página, sino que tenían la profundidad de personas reales. He conocido a Danglars y a Fernandos en mi vida. Incluso a Valentines y Haydees. Todos ellos tienen historias paralelas a la de Dantés, pero al final, son parte de la de este hombre tan misterioso, valiente, ingenioso y bondadoso. Las dos líneas argumentales que más me gustaron fueron la de la prisión, cuando Edmond conoce al abate Paria, y la de la hija de Villefort, Valentine, con su amado Maximilien. No quiero revelar mucho porque se trata del sello de oro para una obra excepcional.
El final de esta historia es una absoluta maravilla. Literalmente es en las últimas cuando se resuelve todo el conflicto de la trama. Lejos de las representaciones de esta novela como colmada de acción, duelos de espadas y aventuras de piratas, la navegación y las peleas son muy reducidas. Hay violencia, sí, pero de otros tipos, y relacionada de forma maravillosa con cada uno de los elementos estructurales de la trama. En definitiva, y por si no se había notado, El conde de Monte Cristo me ha APASIONADO. Ha sido una lectura entretenida y muy sencilla de disfrutar, que me ha obligado a sentarme y dedicarle tiempo a la única tarea de leer. Quizás su longitud pueda resultar algo imponente, pero definitivamente es un clásico que yo recomendaría a todo el mundo.
★★★★★
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